Don’t panic! Tú puedes dar la charla y vivir para contarlo

Hablar en público es una de las actividades que más asusta a las personas. Incluso, los que están acostumbrados a hacerlo reconocen que siempre sienten un cosquilleo en el estómago antes de hablar. Y eso es normal, de hecho está bien. Algunas personas con mucha experiencia en la oratoria dicen que cuando se pierde el cosquilleo antes de salir al escenario es porque se le perdió el respeto al público.

Cuando se pierde el cosquilleo antes de salir al escenario es porque se le perdió el respeto al público.

Sin embargo, hablarle a una audiencia no siempre se trata de grandes auditorios. A veces es una presentación al jefe, a la junta directiva, un pitch o una presentación de ventas. El caso es que así como un atleta se prepara antes de salir a competir, el orador también debe prepararse, debe calentar. La preparación es la gran diferencia entre una presentación mediocre y una extraordinaria.

Te comparto cuatro claves que van a ponerte a brillar aunque no te consideres un gran orador.

1. Escribe tus ideas principales. No quisiera comenzar por la polémica pero este punto tiene detractores y defensores porque tiene que ver con tu cableado. Para algunos es mejor aprenderse el discurso de memoria, y tienen una habilidad de X-Men para eso. Mi consejo es que hagas una estructura de bullet points que transcurra por las ideas principales y te guíe desde la introducción hasta el cierre. Aunque aprenderse el discurso de la A a la Z puede ser buena idea, es difícil que te veas natural, suelto, relajado y a gusto recitando una perorata. Por otro lado, es mucho más probable que puedas tener tus notas en la tablet, el teléfono o en papel antes que varias hojas con el discurso textual. 

Más allá de mi defensa el punto es que tengas en un soporte físico lo que vas a decir. Alguna vez me dijeron que vale más un lápiz pequeño que una memoria grande. Y fíjate que no se trata solo de no olvidar sino de que puedas construir con anticipación la estructura de tu charla y ser más estratégico y convincente. 

2. Rebótalo con alguien. Todos tenemos 180º de visión y 180º de ceguera. Si algo puedes tener por seguro es que luego de rebotar tu speech con alguien de tu confianza, vas a mejorar. Hay cosas que no estás viendo, en otras estás siendo reiterativo, en otras ligero y así. Lo mejor es que busques a alguien en quien confíes y respetes su opinión y le digas en grandes rasgos de qué va tu charla. Cuéntale a dónde quieres llegar, cuál quieres que sea la reacción de tu audiencia o la acción que quieres que ejecuten. Luego de ese panorama hazle tu presentación como si estuvieras ante tu público. Finalmente, sé vulnerable para recibir el feedback y hacer los ajustes.

Si algo puedes tener por seguro es que luego de rebotar tu speech con alguien de tu confianza, vas a mejorar.

3. Reposa las ideas. Luego de haber hecho la estructura de tu presentación e incorporado los ajustes que recibiste en el feedback, engavétalo. ¿Cuánto tiempo? Depende de cuándo te toque presentarlo, pero lo mínimo serían unas 24 horas. No se trata tanto del tiempo sino de lo que hagas en ese tiempo. Si tu mente sigue dando vueltas sobre ese tema y no lo sueltas, pues el tiempo no será una gran diferencia. Desconéctate de la charla, ocupa tu mente en otras actividades y reposa. Luego, regresa a tus notas y verás todo de una manera más fresca. Si todo sale bien, habrá más cambios. 

4. Ensaya. Este verbo pudiera escribirlo muchas veces pero es mejor si lo lees muchas veces. Nunca te arrepentirás de ensayar demasiado pero sí de lo contrario. Si te vas a aprender tu discurso de memoria, el ensayo es aún más fundamental porque será la diferencia entre estar acartonado y ser natural. Tienes mayor persuasión cuando tus ideas fluyen, cuando tu audiencia siente que tienes el control del contenido, que navegas a través de tus ideas con dominio. Pero esto solo lo lograrás ensayando. No creas que como todo fue creado en tu mente vas a dominarlo. Hay mil cosas que se pueden presentar que arruinen tu presentación, desde imprevistos externos como un participante incómodo hasta internos como dolor de cabeza, inseguridades, etc. 

Tienes mayor persuasión cuando tus ideas fluyen, cuando tu audiencia siente que tienes el control del contenido.

Bien sea que tu propósito sea convertirte en un destacado conferencista o salirle al paso a la presentación ante tus compañeros de trabajo esto es mejor si lo llevas un día a la vez. Sigue con vocación religiosa las cuatro claves y ten la seguridad de que entregarás con solvencia tu mensaje y vivirás para contarlo.

Foto de Gugulethu Ndlalani en Pexels

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