Creetividad

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Aunque «creer» y «crear» tienen orígenes etimológicos distintos, tienen una similitud en el castellano que es muy útil  y reveladora.

Creer proviene del latín fides, de donde también se origina la palabra fe. Crear deriva del latín creare, que significa: engendrar, producir, tener hijos. Sus raíces inconexas esconden un pasado común: un origen espiritual. En el caso de «creer» es evidente por su parentesco con «fe» pero «crear» fue usada por primera vez por Moisés cuando escribió el Génesis.

“En el principio Dios creó los cielos y la tierra” Génesis 1:1 (NBLH)

En el Antiguo Testamento el verbo hebreo «crear» se refiere únicamente a la actividad divina y nunca a la humana, de modo que el autor del acto de crear es Dios, el mismo que inventó la fe, indispensable para creer.

“Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe…” Carta a los Hebreos 12:2

Si bien todos los procesos de la vida deben ser revisados con cierta periodicidad para garantizar su óptimo funcionamiento, los procesos creativos requieren un chequeo más estricto, más regular. Edward de Bono es enfático al decir que la creatividad no es un asunto mágico, heredado o místico, es un talento que mejora y se desarrolla con disciplina, pero para ello es necesario pensar. De allí nació la pregunta: ¿Qué debo hacer para crear?

La llegada de una idea creativa puede ser imprevista, en medio de la noche o andando en el auto, pero también puede ser provocada. Es entonces cuando viene la hipótesis: Para crear es necesario creer.

Si voy a desarrollar un nuevo sistema de inyección de combustible a un motor de combustión interna debo creer que es posible, debo estar lo suficientemente dispuesto a desarmar el modelo de inyección que ha perdurado por años. Algo parecido ha ocurrido con quienes se han animado a buscar nuevos carburante o más aún, fuentes alternativas de energía. Lo mismo aplica para crear un comercial para un producto de consumo masivo, una nueva estrategia de aprendizaje, un nuevo método de distribución de alimentos y millones de cosas más. El punto es creer que sí es posible que exista otra manera de hacer las cosas. Creer precede a crear.

Pensando en esto, un amigo me contó acerca de un nuevo reto en su compañía. Sus jefes le habían asignado la tarea de generar nuevos procesos para reducir costos y aumentar la utilidad. Mi amigo recibió esta asignación al mismo tiempo que entregaba resultados muy positivos de su último año de gestión. Allí comenzó la confrontación. ¿Para qué crear nuevos procesos de reducción de costos cuando acabo de demostrar que no son necesarios? Ha llegado el momento de desarrollar una tarea creativa con las circunstancias totalmente en contra.

Implementar cambios no quiere decir que lo que estamos haciendo está mal, puede implicar que es posible hacerlo mejor, pero no lo sabremos hasta que investiguemos. La investigación va a generar datos para alimentar el proceso creativo. Si crees que van a llegar nuevas ideas útiles a partir de la ignorancia, crees en una mentira. Deslastrándote del temor a los cambios, hay que recopilar datos, meter las narices en los procesos y desarmar lo que por años estuvo armado. Al llegar a este punto deberías estar convencido de que hay posibilidades –aunque sean remotas- de hallar una mejor manera de hacer las cosas. Debes creer.

Los resultados de mi amigo no hicieron más que enriquecer lo que estaba pensando. Finalmente completó su proceso y les presentó a los jefes un plan de reducción de costos y aumento de la utilidad de la compañía. La presentación fue impecable y su éxito –en el papel- rotundo. Pero no todo terminó allí. Ahora mi amigo debe sentarse con sus jefes y decirles que no está de acuerdo con su creación. Aunque su proyecto demostró que sí es posible reducir costos, también arrojó que los daños colaterales de estas medidas tendrán impactos en los intangibles de la empresa (motivación del equipo, incentivos no económicos, desarrollo personal, etc.) que se deben evaluar para saber si están dispuestos a asumirlos. Esto quiere decir que sí podemos crear aunque al final no estemos de acuerdo con el resultado y decidamos desecharlo o posponerlo.

“Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible” Marcos 9:23

Es indispensable creer para poder avanzar en el proceso de creatividad. Un arquitecto debe creer que es posible construir un “gran” edificio en un pequeño terreno, luego se sienta y calcula. Eso no quiere decir que luego de calcular no rectifique y ya no lo llame “gran”, pero primero creyó. También ocurre más frecuentemente de lo que imaginamos que al sentarse a calcular se da cuenta que puede ser mayor de lo que imaginó. Una actitud negativa, de negación o de excesiva adaptación nos impedirá ver posibilidades en pequeños espacios. Lo mismo ocurre con los dogmas, limitaciones auto-impuestas o viejas creencias.

“-Porque me has visto, has creído –le dijo Jesús-; dichosos los que no han visto y sin embargo creen” Juan 20:29

La creetividad tiene estrecha relación con la visión, la posibilidad de ver más allá del entorno y de las adversidades. Debemos tener la capacidad de desarrollar soluciones para navegar en las circunstancias presentes (buenas o malas) y para generar propuestas para el futuro. Para ello es indispensable creer.

Germán Alberto Abreu.-

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