Somos espectaculares

stage

Veo a la gente dentro del mall corriendo apresurada y gritando el nombre de alguien. No logro identificar de quién hablan, no entiendo el nombre. Miro a los lados, camino con algo se inseguridad pero me debato entre continuar con mi plan o seguir a la gente que va desaforada. Me propongo concentrarme y tratar de sacar algunas conclusiones de lo que veo. La mayoría de las entusiasmadas son mujeres, de ellas, la mayoría son entre adolescentes y jóvenes tempranas. Algunas halan a sus padres y sus ojos se desorbitan. Hay alegría. Puedo concluir que es un artista famoso, debe ser por eso que no entiendo el nombre que todas gritan. Ya que el show business aporta algo de caloría a mi dieta mediática, me encamino a ver de quién se trata.

Allí está, es toda una celebridad cuyo rostro no identifico. Una chicuela de unos 17 años llega de puntillas a mi lado para tratar de ver sobre la multitud y su rostro pasa de lo radiante a lo decepcionado en centésimas de segundo. Su comentario: ¡Qué desaliñado y mal vestido! Ha podido arreglarse mejor si iba a venir de compras.

Eso es lo que ocurre con la espectacularidad. Estamos habituados a ver toda una puesta en escena cada vez que aparecen nuestras estrellas favoritas, tanto que cuando ellas aparecen sin la rimbombancia de toda una producción, nos parece que algo no está bien. El célebre personaje en el mall no estaba mal vestido, solo estaba…vestido, incluso mejor que yo. Llevaba unas bolsas en sus manos y unas gafas oscuras (típico), pero no había banda musical, ni luces seguidoras, ni bailarinas, ni micrófono. O sea, no se veía bien.

El reto de todo lo que gira entorno a la media es que la cota para satisfacer a las audiencias está cada vez más alta, y lograr sacarle un Wao a nuestro público se hace cada vez más difícil. En ocasiones, se logra con menos show y con más creatividad u originalidad, pero para tomar esa vía hay que conseguir la fórmula que sorprenda, que tome desprevenido a nuestro público y se consiga con algo inusual. Eso es otro tipo de espectacularidad.

Algunos medios o creadores dicen que ellos no van a frivolizar su contenido y por lo tanto no van a echarle cabeza a cómo volverlo atractivo, y son libres de hacerlo, pero después no deberían estar lamentándose de que nadie –o casi nadie- lo consuma. Mientras ellos no quieren ver, lo que está ocurriendo es que nos encanta lo genial, lo sorprendente, hasta lo exagerado. Volver espectaculares, atractivos, deseables y agradables nuestros contenidos no exige frivolizarlo, pero sí exige conocer a nuestras audiencias para saber qué es lo que los sienta al filo de la butaca, lo que hace que suban el volumen o hagan click en Compartir. No es igual con todos, ni por edades, ni por intereses, ni por sexo, ni por nivel socioeconómico, ni por etapa generacional. Hay que estudiar a la audiencia porque ¡somos espectaculares!

Observé con calma a los chicos y chicas, a los adultos y a los curiosos, todos tenían dibujada una breve sonrisa en sus rostros porque la sola euforia divertía, aunque cada quien veía la escena desde posiciones e intereses muy distintos. De la celebridad, para mí desconocida, me gustaron las gafas y su paciencia.

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