Qué leo: Hugo Chávez. Mi primera vida / Ignacio Ramonet

IMG_2693Título: Hugo Chávez . Mi primera vida
Autor: Ignacio Ramonet
Editorial: Vadell Hermanos Editores

Evaluar sensatamente el proceso político que ha vivido Venezuela en los últimos 20 años requiere tal nivel de desapasionamiento que creo que sólo sería posible extrayéndose el corazón.

No es una exageración decir que todos los venezolanos han sido testigos, cuando no protagonistas de algún evento relacionado con la política: marchas, protestas, despidos, empleo, vivienda, salud, vejación, exclusión, créditos, expropiación, y un sinfín de situaciones que no alcanzaríamos a enumerar. Este nivel de participación política –voluntaria o no- hace que cada quien tenga una perspectiva de lo que le ha ocurrido al país, pasando obligatoriamente por su liderazgo político.

El líder político más polémico e influyente en este período ha sido el Teniente Coronel Hugo Rafael Chávez Frías. Casi nada se puede decir de él que ya no se haya dicho, excepto lo que él tenga que decir acerca de él mismo. Precisamente de eso trata “Hugo Chávez. Mi primera vida”. Es la compilación de una serie de entrevistas realizadas por el periodista español Ignacio Ramonet donde navegan desde su nacimiento en Sabaneta de Barinas hasta la victoria electoral en 1999.

Su autor, Ignacio Ramonet, es un hombre comprometido con la historia que ha dejado por escrito. No actuó solo como observador y escriba. Desde el periodo presidencial de Hugo Chávez hasta hoy, emite constantemente opiniones favorables y en ocasiones, propagandísticas, al sistema de gobierno. Es un invitado constante a actividades académicas, proselitistas, partidistas o de cualquier otra índole organizadas por cualquier factor ligado al gobierno, cuando no por el gobierno mismo. De modo que no esperaba que el enfoque de esta publicación no fuera beneficiosa para el entrevistado, aunque algunas preguntas buscaron ahondar en temas altamente polémicos y por cierto, quedaron sin la grata compañía de una certera repregunta.

El libro está lleno de anécdotas que enriquecen y dan cuerpo a los pensamientos dichos por el fallecido Presidente y también, algunos de esos pensamientos son agotadoramente repetitivos. Sorprende leer sobre hombres que abandonaron la causa de Chávez antes o después que él llegara a la presidencia y son tratados con displicencia y también sorprenden las historias de algunos que hoy son chavistas abyectos pero en algún momento fueron ambivalentes, cobardes o traidores.

A mí me ha quedado claro, luego de leer más de 700 páginas de historia reciente, que Hugo Chávez siempre persiguió un objetivo personal. Su vida temprana, especialmente en la Academia Militar, se llenó de un sincretismo político que no tiene manera de definirse o calificarse. No le cabe llamarlo socialista, ni comunista, ni capitalista, ni anarquista. Ni ninguno de sus apellidos como Siglo XXI, ni alias como hombre nuevo, revolución, proceso. Tampoco ningún adjetivo calificativo grandilocuente como supremo, máximo, alto, extraordinario, eterno, gran, elevado, entre otros. Quiso experimentar con una nación entera y lo logró. Creyó en utopías y quimeras hasta la muerte, aunque no haya visto, en el caso de la mayoría de ellas, que funcionaran.

Presenta una Venezuela irreal,  y no lo digo porque lo adverse, sino porque los números son fríos. Es una negación irracional de la verdad cotidiana hacer creer que antes de 1999 había más delincuencia que en la actualidad, y él lo asegura. Teorías conspirativas que fueron desestimadas por sus propios acólitos en los ministerios encargados de aplicar justicia las repite como verdades irrefutables. Se contradice en diferentes oportunidades sobre temas como la persecución por parte de la Dirección de Inteligencia Militar a los oficiales con pensamientos izquierdistas dentro de las Fuerzas Armadas antes de 1999. En un momento dice que sí los persiguieron, luego dice que no. Primero dice que el Ejército (previo a 1999) siempre recibió a cadetes de todos los estratos sociales (como él, que era, según sus propias palabras, pobre de nacimiento) pero luego asegura que los únicos que tenían acceso a la Academia Militar eran los de las clases ricas. Sin dejar por fuera que se atrevió a acusar a un oficial compañero del golpe de Estado de 1992 de tratar de matarlo y él mismo lo lanza como gobernador de un estado estratégico en Venezuela unos años más tarde. Allí es donde extraño las repreguntas de Ramonet, o quizás fue víctima de su poco conocimiento de la realidad venezolana (o no quiso preguntar).

Es altamente revelador como marca distancia del golpe del 27 de noviembre de 1992 (transcribo más abajo sus declaraciones al respecto) acusando a los oficiales de ese alzamiento de fascistas y asesinos. Dice que no estaba enterado de la insurrección. Ramonet tampoco le pregunta por qué tiene en sus cuadros a Jesee Chacón Escamillo y a Francisco Ameliach, ambos, oficiales de ese golpe fallido.

Chávez, sin ningún tipo de prurito, habla de la corrupción, el ventajismo electoral, tráfico de drogas, idas y venidas de prostitutas en dependencias del gobierno, desviación de fondos del Estado, tráfico de influencias, manejo de cuotas de poder, repartición de ministerios, arreglo de elecciones, elección de candidaturas a dedo, niveles de delincuencia e inseguridad entre otras cosas que supuraban en la “cuarta república” sin reparar, al menos visiblemente, que en su gobierno todas esas desviaciones se multiplicaron.

Es muy interesante, como a mi juicio siempre lo fue, su interpretación de la historia de Venezuela, así como su interpretación de los hechos más relevantes en el mundo. Frecuentemente hace paralelismos entre lo que ocurría en alguna parte del mundo con lo que ocurría al mismo tiempo en el país. Sus experiencias como niño, adolescente, joven, cadete y oficial son de alta importancia para comprender conductas y reacciones que tuvieron lugar más adelante. La relación con sus padres y hermanos, la relación con sus ex-esposas e hijos, con sus superiores y amigos, todo ello es de grata lectura.

Habla de su pasión por el béisbol, sus novias, la estrecha relación con su abuela, su vida campesina en Sabaneta de Barinas, los viajes al exterior como oficial y como presidente, las conversaciones con otros jefes de Estado,  el nacimiento de su pensamiento de izquierda, las horas del golpe de Estado de 1992.

Chávez, sabiendo que Ramonet lo entrevistaba para un libro –quizás póstumo- cuidó cómo pasaría a la historia. A su vez, Ramonet lo trató con la delicadeza de un admirador consumado y plasmó a un hombre que vivió entre ser un hombre corriente con sueños de grandeza y un semi-dios que elevó a Venezuela a los supremos estándares de justicia y reivindicación social.

Aunque es un libro extenso (701 páginas) no es pesado. Está muy bien estructurado con base en los hechos cronológicos. Bien corregido y para mi gusto, pudo ser mejor editado.

Si el lector es venezolano va a leer con los anteojos de su experiencia y posición personal frente al proyecto político que llevó adelante Hugo Chávez, si el lector es de cualquier otro país va a conocer de primera mano el pensamiento de un hombre que vistió de rojo a una nación y la colocó en los titulares de la prensa mundial por más de una década.

Citas:

– El trabajo, y no el capital, debe ser el verdadero productor de la riqueza.

– Hay que hacer que converjan la “mano invisible” del mercado y la “mano visible” del Estado en un espacio económico en el interior del cual el mercado existe tanto como es posible y el Estado tanto como es necesario.

– … el Presidente Pérez Jiménez [1952-1958] favoreció mucho la inmigración europea, en particular procedente de Portugal, España e Italia. El objetivo oculto era: “blanquear” una población considerada como “demasiado parda”. En esa época llegaron a Venezuela unos 300.000 italianos.

– [Los cadetes] eran bastante representativos aunque la gran mayoría procedía de los sectores pobres, de las clases medias bajas y clases bajas. Históricamente ha sido siempre así, y así lo sigue siendo. (N. del B. Se le llama “cadetes” a los estudiantes de las escuelas de oficiales)

– Las clases ricas no van al Ejército, sino como oficiales; por eso la tropa está siempre constituida por gente del  pueblo común. En América Latina es una constante, los soldados de Bolivia son los indios bolivianos, los hijos del pueblo, los más humildes. En Venezuela, igual.

– Gracias a un mecanismo de ideologización –o más bien de des-ideologización-, de lavado de cerebro, con los manuales de antiguerrilla, adoctrinaban a los oficiales, la mayor parte de ellos de clase media y media baja o baja, y sobre todo a las tropas. Usaban a los pobres contra los pobres.

– Pensamos –y seguimos pensando- que hay que descentralizar, revertir el flujo migratorio e incitar a la gente a volver al  interior a reocupar el espacio rural. En diez años de Gobierno revolucionario, hemos recuperado un total de dos millones ochocientas mil hectáreas de tierras ociosas para ponerlas  a producir.

– [En 1989] Había mucha violencia, sin ninguna duda. Porque, en general, donde hay miseria y pobreza y no existe esperanza, hay violencia. La criminalidad aumenta cuando el recurso a la violencia o al delito aparece como la única vía de resolver las necesidades vitales.

Sobre su época de cadete:
– [En la Academia Militar] Había completa libertad de discusión sobre temas de historia, de sociedad o de economía; no existían dogmatismos, o por lo menos todo se podía discutir, debatir, confrontar.

Ramonet pregunta: Pero usted, en 2009, lo calificó (a Carlos Ilich “El Chacal”) de “luchador revolucionario”
-Y es verdad. ¿Acaso no lo es? El asumió la causa palestina, una causa justa. Incluso se hizo palestino, arriesgó su vida por Palestina. Luchó con la OLP (Organización de Liberación de Palestina) pero no era jefe. La responsabilidad no es suya…Y sin embargo ahí está, pagando, en una cárcel con cadena perpetua. Lo repito, para mí, “Carlos” es un combatiente. Obedeció a las órdenes.

– Se puede estar encadenado a una mazmorra, pero si tienes conciencia de que ese es tu papel en un proceso superior de liberación, entonces tu conciencia te hace libre.

– Fíjese, hay algo que llamaba la atención: la mayor parte de los campesinos, gente pobre, manipulada, votaban por los adecos. Acción Democrática regalaba cuatro bloques de hormigón, una plancha de zinc, unos realitos, una bolsa de comida…populismo.

– [Maneiro me dijo] Que un revolucionario debía tener dos principales cualidades: profunda convicción ideológica, y eficacia total en la realización de sus misiones. Cuántas veces he recordado esas palabras de Maneiro.

– Carlos Andrés Pérez nacionalizó las industrias del hierro y del petróleo. Creó la gran empresa Petróleos de Venezuela (PDVSA). Impulsó una ley contra los despidos injustificados y propuso el salario mínimo…Era un tradicional caudillo populista.

– Al final de la presidencia de Luis Herrera Campíns [1983]…Una brutal devaluación de la moneda y una gravísima crisis financiera y económica. La gente se asustó. La tasa de crecimiento se desplomó. La deuda pública, en cambio, se disparó a pesar de los importantes ingresos de la exportación de petróleo. (N. del B. Aproximadamente USD$ 12 por barril)

– Durante el período presidencial de Jaime Lusinchi [de Acción Democrática], la crisis económica siguió agravándose. Hubo nuevas devaluaciones de la moneda nacional, el bolívar. La incapacidad del gobierno para atender los efectos de la crisis sobre el pueblo disparó la insatisfacción de la sociedad. (N. del E. El bolívar fue devaluado oficialmente a Bs. 7,50 por dólar (dólar preferencial), pero había otro tipo de devaluación a Bs. 14,50, y el valor del dólar que circulaba en el mercado paralelo se cambiaba por unos Bs. 30.)

– Aumentó mucho el malestar social, el hambre, la prostitución, la mendicidad, la inseguridad, la criminalidad… Todos los signos de una crisis social extrema. Se multiplicaron las huelgas y las manifestaciones.

– [El 4 de febrero de 1992] el objetivo político principal era tumbar al gobierno y tomar el poder.

– No había ambición personal de nadie. Ninguno de nosotros quería el poder por el poder.

– La realidad es que la toma de Miraflores nunca fue misión mía; lo mío era, ya le dije, comandar y coordinar todo el alzamiento, en Caracas y en el conjunto del país.

– Recuerdo que le confesé a Vladimir Putin que, desde aquí, habíamos visto con pesar la desaparición de la Unión Soviética, igual que habíamos lamentado la derrota del gobierno sandinista en Nicaragua en las elecciones de [25 de febrero de] 1990, o la caída del Muro de Berlín [el 9 de noviembre de 1989] y la desaparición en cascada, en Europa del este, como por un efecto dominó, de los gobiernos del llamado “socialismo real”.

– [Mientras estaba preso] nos pagaban el sueldo, claro. Éramos militares activos, y tenían que pagarnos el sueldo, y conservamos nuestros derechos, seguro social, etc.

– En aquellos años de Carlos Andrés Pérez, la gente en las calles –lo dicen las encuestas de la época-, no paraba de quejarse: “¡La corrupción nos está acabando!”. Hoy en cambio, la corrupción, en las encuestas, casi ni aparece como problema colectivo.

Ramonet le pregunta si hay corrupción en las aduanas:
– Seguramente sigue habiendo corrupción allí pero ahora está militarizadas, y es mucho más difícil que haya corrupción en los mandos militares… Aunque, bueno, ahí está el caso de Baduel…

Sobre el alzamiento militar del 27 de noviembre de 1992:
– El comando de oficiales superiores que dirigía la rebelión del 27-N no reconocía lo bolivariano. Era para crear tensiones políticas. Ese grupo tuvo un comportamiento irresponsable y hasta criminal. No sólo mataron a un vigilante en el Canal 8, sino que fusilaron a gente en el aeropuerto de La Carlota… Una actitud verdaderamente fascista. Quiero repetirle, sin embargo, una cosa: el MBR-200 no tuvo participación a nivel de Comando estratégico; desconocíamos el plan general de la acción insurgente.

– Yo le hablo al pueblo de política, con honestidad, con argumentos concretos y precisos. Y lo respeto. No soy un “encantador social”, ni un “mago” que subyuga con trucos y artefactos.

Germán Alberto Abreu.-

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