Freno al automático

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“Debo demostrar que soy el mejor”.
“Todo lo que empiezo, lo dejo por la mitad”.
“Si deposito mi amor y mi confianza en alguien, seguro terminará abandonándome”.
“Si le caigo mal a otro, seguro algo malo habré hecho”.
“Cuando me plantean una necesidad, enseguida debo salir corriendo a satisfacerla”.

Pensamientos automáticos. Emociones que se disparan sin demasiado filtro. Son esquemas mentales que organizan la vida de las personas. Como podemos observar en los ejemplos citados, para algunos el slogan que determina su vida es “Debo demostrar que soy el mejor”. Lo que hacen estos individuos desde que se levantan hasta que se acuestan (podríamos hasta incluir su tiempo de descanso) está destinado a competir con los demás por ser el número uno. Viven a la defensiva. Cualquier comentario que se haga sobre su rendimiento es una amenaza. No pueden celebrar el éxito del otro. En todos los temas opinarán aunque no tengan idea de qué se habla.

Tomemos otra frase como “Si deposito mi amor y mi confianza en alguien, seguro terminará abandonándome”. En este caso el temor al abandono puede provocar que se tome distancia para no salir lastimado. Quizá la persona que padece este pensamiento automático logre algún acercamiento, pero abandone tempranamente a los demás (“abandono antes de ser abandonado”). O tal vez acorte distancia, no abandone, pero viva apegado al otro interpretando cada comportamiento ajeno como la antesala del abandono.

Hay decenas y decenas de esquemas o pensamientos automáticos que nos definen. Para que estos reflejos automáticos no arruinen tu vida, te sugiero que despliegues, por lo menos, cuatro pasos:

Identifica tus patrones mentales.
¿Has identificado alguna frase que caracterice tus reacciones? No siempre es gustoso y cómodo reconocer algunas de nuestras creencias, pero comencemos siendo honestos con nosotros mismos.

Presta atención a los comportamientos que tiendes a repetir.
Pide ayuda a gente que te conozca, te aprecie y pueda ser sincera contigo para que ellos también definan qué es lo que dices y haces con frecuencia.

Busca excepciones a la regla.
Estos esquemas automáticos son rígidos, estereotipados y exagerados; por lo tanto, se convierten en mentiras que esclavizan tu existencia. Podrás encontrar, si tienes buena voluntad, que no siempre te abandonaron, que no siempre tuviste la culpa por lo sucedido, que el otro no siempre te plantea una necesidad para que salgas corriendo a hacer algo, etc.

Aprende a retardar tus reacciones.
Ya que tu tendencia te llevará a una respuesta refleja, aprende a decir “déjame pensarlo”, por ejemplo. No contestes esa llamada o ese mail en forma instantánea. Sal del lugar si te has sentido provocado a reaccionar de un modo insalubre. Tus reacciones, en la mayoría de los casos, pueden demorarse un poco.

Construye pensamientos alternativos flexibles y saludables.
Por ejemplo, puedes llegar a decirte “es cierto que tengo dificultad para terminar lo que empiezo, pero esto, esto y esto lo empecé y lo terminé”. La sensación anímica será totalmente distinta. No negarás tu dificultad, pero puedes empezar a construir desde un lugar donde los cambios son posibles.

Amigo, repasemos entonces. Identifica tus patrones mentales. Busca excepciones a la regla. Aprende a retardar tus reacciones. Construye pensamientos alternativos flexibles y saludables. Estás a tiempo. No estás condenado a repetir tus automatismos.

Manos a la obra.

Por Gustavo Bedrossian.

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