No trepes por las ramas

Ilustración: Rosco

Irse por las ramas, algunas personas aman, disfrutan, gozan, yéndose por las ramas…

Cuando comienzan a hablarte, supones que están haciendo referencia a su trabajo. Diez segundos después ya estamos conversando sobre el medio ambiente. Transitaremos al instante por el mundo del arte. Y el cierre a toda orquesta nos condujo al reino de la farándula televisiva con detalles sobre la última polémica del momento.

¿Qué entiende finalmente uno? Son variadas las opciones:

Que la otra persona piensa cambiar de trabajo, presentándose a un casting de “Bailando por un Sueño”
Que el arte (y los artistas) deben desarrollar un fuerte compromiso con el cuidado del planeta
Que ese individuo siente cómo su trabajo le contamina, que es un arte superar el aburrimiento que éste le genera y que no ve la hora para llegar a su casa y encender la TV.

Como no deseas caer en un malentendido, le preguntas si algunas de estas opciones, corresponden a lo que quiso expresar. Por supuesto, no has acertado. Lo que en realidad nos quería decir es sólo esto: “Me quedé dormido y perdí el tren. Por eso llegué tarde al trabajo”. ¡Ah, ahora entiendo! Lo que sucedió es que cuando comenzó a hablar del trabajo, quiso explicar lo que vio anoche en la tele, se enganchó con la contaminación auditiva que generan los trenes, aunque celebró los murales que aparecen en algunas estaciones del mismo.

¿Está bien o está mal “irse por las ramas”? No, ése no es el planteo. No está ni bien ni mal. ¿Quiénes somos para juzgar el estilo comunicacional de alguien? Ahora bien, si uno pretendía que determinado mensaje llegue en forma clara al destinatario, con este estilo vamos por mal camino.

En determinadas situaciones hablamos sólo por el hecho de hablar. Estamos con algún amigo y podemos transitar por una decena de temas sin llegar a nada claro. No hay problema. Sólo estamos disfrutando de la conversación sin ningún fin pragmático.

Pero en otro contexto, una mala interpretación debida al estilo “mezclemos todo”, puede acarrear algún que otro problema. Como he leído por ahí y suelo repetir: “en medio de una sociedad sobrecomunicada, debemos simplificar el mensaje”. A veces estamos todos tan aturdidos por tantos temas que necesitamos que nos hablen una cosa por vez, y nos la digan del modo más sencillo. ¿Queremos ampliar las chances de ser comprendidos? Vayamos al grano.

Amigo, si bien todo tiene que ver con todo, no incluyas “todo” en un solo relato. Oraciones breves. Un tema por vez. Hay gente que tiene el deseo de escucharte; aprovecha la oportunidad. Refrena la tentación de “irte por las ramas”. El mundo estará eternamente agradecido.

Por Gustavo Bedrossian

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