La corbata torcida

Adalberto llegó esa mañana a su oficina como cada día. La ruta es sencilla, pero larga. Toma el bus a dos cuadras de su casa y como en 20 minutos llega al lugar donde le toca bajarse, camina otras dos cuadras y llega al edificio donde está su trabajo. Saluda a los vigilantes apostados en la Planta Baja, sube dos pisos y entra a la empresa.

Nunca ha sido un hombre de personalidad arrolladora, hasta es probable que muchos tengan años viéndolo y jamás le han preguntado ni la hora. Abre la puerta con los buenos días, saluda a la recepcionista, al mensajero, a los de Recursos Humanos que están cerca de la entrada a la derecha, Administración en la puerta contigua y así sucesivamente hasta su oficina.

Esa mañana todo parecía normal, un día como cualquier otro, pero observandolo bien, sí había un detalle.

Adalberto es un hombre meticuloso cuando se trata de su apariencia personal. Tez morena, cercano a los cuarenta, cabello corto, barba al ras, bigote pequeño, tolerante con la rutina y fanático de las corbatas. Cada mañana se detiene frente a su closet y le toma un instante escoger su pantalón y camisa, pero seleccionar la corbata es un rito. Muchos factores intervienen en su selección: las actividades de ese día, el clima, los colores de la camisa, tipo de cuello y puños, la tela de la corbata, su reloj de muñeca, día de la semana, estado de ánimo y otros más subjetivos aún.

Cuando Adalberto se bajó del bus y caminaba hacia el edificio, una ventisca lo hizo cubrir su rostro y apurar el paso, al entrar al recinto su corbata había quedado torcida. Lo de adelante ahora estaba contra los botones de la camisa y la pequeña etiqueta de atrás no era más la cenicienta de la prenda de vestir, apenas comenzaba su cuarto de hora de fama.

Los vigilantes, que habían sentido la ventisca, inmediatamente dedujeron que Adalberto no tenía experiencia en ese tipo de imprevistos meteorológicos, de lo contario habría sostenido su corbata para que no se volteara.

Siguiendo el paso obligatorio de cada día, saluda a la madrugadora recepcionista quien al verlo llegar nota la posición de su corbata, y con la mirada le reprocha que no haya tenido suficiente cuidado a la hora de tomar el café. De haber sido cuidadoso no habría chorreado su hermosa corbata y no se vería obligado a voltearla para que los demás no vean su torpeza.  La recepcionista continúa en sus elucubraciones concluyendo que ese es un mal de todos los hombres, su marido se ha manchado todas las camisas a la altura del cuarto botón por tener una barriga tan prominente y ser adicto a los perros calientes. La salsa siempre consigue espacio para aterrizar.

Con su característica sonrisa, Adalberto hace la escala en Recursos Humanos, una pequeña oficina con cuatro damas y un caballero que rinden el espacio como si fuera una casa de arbol. Todos voltean al oirlo saludar y todos notan la falla estética del recién llegado. Con la experiencia que tiene al vestir, un hombre de su edad, ¿Cómo se hace un nudo tan malo? Así se preguntó en voz alta el caballero asistente legal, las chicas lo miran con más dudas que respuestas y él continúa, evidentemente se hizo un mal nudo, de lo contrario la corbata no estaría torcida. Una de las chicas agregó que por eso es necesario mirarse una y otra vez en el espejo antes de salir de casa; es mucho mejor salir tarde que hacer el ridículo todo el día. Mientras estos hablaban, Adalberto se despedía del motorizado quien ya iba con la espalda encorvada por el peso del maletín, luego siguió su camino.

Al pasar por Administración, una hermosa dama de ojos claros, cabello castaño y baja estatura lo llama por su nombre y le pide que se acerque. Adalberto, agradado de que hayan notado su llegada gira hacia la oficina de su agraciada compañera. Intercambian los besos de rigor y le recuerda que tiene un cheque por retirar referente a un bono de productividad, pero mientras se da la conversación la chica de ojos claros mira con detenimiento la corbata de Adalberto. Su etiqueta expuesta deja ver unas palabras clave a la hora de saber si esa corbata es buena. Silk, Hand Made in Italy. ¡Vaya! Una corbata hecha a mano y tan mal llevada por un hombre como él. Para una pieza así hay que tener estilo, personalidad, actitud. Adalberto estaba completamente ajeno a aquellos pensamientos y jamás se imaginaría que lo consideran un hombre tan barato. La chica de los ojos azules ha decidido que, más tarde, cuando se le enderece la corbata, le va a preguntar dónde la compró para regalarle una, tan exquisita, a su novio.

Adalberto siente que tiene el rostro lleno de polvo de la calle, inclusive siente que tiene una molestia en el ojo izquierdo luego de la ventisca. Deja el maletín sobre la silla de su cubículo y va al baño. En el camino se consigue a la señora que les ayuda con la limpieza de las oficinas, y con el mismo afecto y previa solicitud de un té de mandarina, la saluda. La señora al verlo de arriba a abajo le dice,
– Señor Adalberto, fíjese cómo lleva esa corbata -Le dice mientras se la endereza- ¿Qué va a pensar la gente de usted?
– ¿Por una corbata? -dice sonriendo- La gente no nota esas cosas.

Germán Alberto Abreu.-

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