Decide pensar bien

“Si comienzo algo, seguro que no lo terminaré de hacer”.
“La gente me puede fallar. Mejor tomo distancia y no me comprometo emocionalmente”.
“La vida es aflicción tras aflicción”.
“Tienen grandes expectativas puestas en mí. Debo responder a esas expectativas y no tener ningún tipo de error”.
“Todos me rechazan”.
“Las desgracias que yo viví son las peores que a alguien le haya tocado enfrentar”.

Ideas. Creencias. Pensamientos que se instalan de a poco en nuestra mente.
Y, sin darnos cuenta, se transforman en los comandantes de nuestras emociones y comportamientos. Gobiernan todo lo que hacemos. Nuestro estilo de afrontar la vida está determinado por aquellas ideas que hemos “comprado” como lentes para interpretar cada situación.

Los ejemplos arriba citados expresan creencias limitantes. Son un freno para nuestro desarrollo espiritual, emocional, social, intelectual, laboral, etc. Nos quitan confianza en nosotros mismos y en los demás. Provocan que seleccionemos arbitrariamente lo peor de nuestra historia y del presente. Y, como no podía de ser de otro modo, no nos predispone para ser pronosticadores muy optimistas de cara al futuro.
Muchas veces nos aferramos a esos pensamientos porque ya son parte de nuestra identidad. Aunque están asociados con el miedo nos ubican en zonas de confort y seguridad. Nos resulta amenazante abandonarlos porque suponemos que, sin esas creencias, ya ni sabremos quiénes somos. Entonces nos refugiamos en la seguridad de “lo malo conocido”.

No se derriba con facilidad una idea. Pero, pero, pero… podemos encontrar una idea superadora, una creencia que facilite el crecimiento, que abra caminos en lugar de cerrarlos.
Tomemos, por ejemplo, el pensamiento “la gente me puede fallar”. Veamos cómo empezar a desarrollar una idea alternativa con las algunas preguntas:
¿Y si nos predisponemos a buscar excepciones en nuestra historia y en el presente?
¿Alguien no me falló?
¿Y si redefinimos el concepto de “fallarle al otro” y dejamos de exigir la perfección seleccionando ahora las acciones más nobles de los demás?
¿Por qué no un poco de autocrítica y ver nuestras propias “fallas” al prójimo?
Quizá podamos construir pensamientos alternativos: “algunas personas me han hecho mucho bien”, “de tal persona que me falló, también tengo mucho para rescatar”, “no soy mejor que los demás, todos fallamos y nos fallamos”, “la gente me va a fallar, pero ¡qué maravilloso es aún así estar cerca de los demás, cuántas experiencias hermosas se pueden construir en medio de nuestra imperfección!”…

No siempre queremos modificar nuestras creencias porque, muchas veces, nos sentimos a gusto con ciertas ideas autodestructivas. Nos atrae a todos (me incluyo) la victimización. Hay cierta cuota de placer en el pesimismo/masoquismo. Estar bien no siempre es fácil. Pero comienza con una decisión: la decisión de construir ideas, creencias o pensamientos alternativos que nos conviertan en personas saludables que crecen aún en presencia de conflictos y temores.

Amigo, elige pensar bien. Sé un buscador insaciable de lo mejor que te da la vida. Ya sé, ya sé que no siempre es fácil. Pero aún en el peor momento, puedes encontrar una joya escondida. Construye una idea saludable al lado de tus peores pensamientos. Sácale protagonismo al pesimismo. Busca bien. Busca el bien. Piensa bien. Pues bien, muy bien, cree en el bien.

Por Gustavo Bedrossian

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