Ni lo uno, ni lo otro

En temporadas electorales, los activistas políticos-verbales asumen como misión de vida enfilar sus baterías contra todos los que no piensen como ellos, independientemente de su extremo ideológico.

En el caso de la oposición venezolana, mantienen en la mira a los reconocidos ni-ni (ni con el gobierno, ni con la oposición) y no dejan de responsabilizarlos por los votos que faltaron aquí o que sobraron allá. O sea, los radicales opositores hacen exactamente lo que los ni-ni detestan: confrontar.

Diferencias del gobierno y la oposición en su trato con el ni-ni

Regularmente, demostrado en los comicios anteriores, el gobierno mantiene una estrategia de desprestigio, falsedades e insultos contra la oposición política, no escatima en adjetivos calificativos, forjamiento de pruebas y división de clases, pero a la vez, extrañamente, no ataca frontalmente a los indecisos (ni-ni), antes pareciera que les coquetea y enfoca la hiperbólica campaña de logros en ellos. El partido de gobierno sabe que este sector es decisivo.

La masa opositora, que por defecto, le lleva la contraria a lo que haga el gobierno, ataca sin mesura los argumentos y valoraciones de los ni-ni. Los acusan de débiles, acomodaticios, oportunistas, sin afecto patrio y más. Como la oposición no tiene logros que mostrar -porque no es gobierno- sólo puede basar su campaña en los desaciertos del gobierno y, a veces, sólo a veces, en las virtudes de algunos candidatos. De manera que no queda lugar para los del medio, para los que no son radicales, para los que dicen “déjame pensarlo un poco más”

Los sub-ni-ni

No todos los ni-ni son iguales, ha sido catastrófico meterlos a todos en el mismo saco. Mencionaré a dos sub-grupos que reconozco rápidamente.

Los que no votan. Ellos creen que todo está irremediablemente mal, que todos son iguales y que si nos suelta el chingo, nos agarra el sin nariz. No importa por cuál candidato votes, porque tras bastidores todos se conocen y van a tomar las mismas decisiones. Esta sector de los votantes tiene una manera de identificarse en el argot electoral, y hasta son cuantificables, se conocen como abstencionistas. Son, en su mayoría, un no-voto duro.

Los que sí votan. Los electores no-polarizados ni extremistas se ofenden cuando los etiquetan como cómodos o indiferentes ante la política nacional. Estos ni-ni sí deciden, sí acuden a las urnas y sí tienen opinión pero su desgracia es que no es la misma opinión de todo el mundo. Ellos prefieren votar nominalmente, no se identifican con partidos ni van a concentraciones populares. No responden a las preguntas cerradas en las encuestas y es muy probable que marquen su opinión en el campo NS/NC (No sabe, no contesta). Este ni-ni, por preferir escoger nombres antes que partidos, es probable que vote por un alcalde oficialista y un gobernador opositor, por un parlamentario opositor y un presidente continuista.

Para la mente de los polarizados no hay explicación posible que les haga comprender el pensamiento del ni-ni, y no tiene por qué haberlo. El punto en común debe ser el respeto.

Ofender y descalificar a los ni-ni que sí votan sólo servirá para colocar esos votos en las boletas contrarias.

Este país requiere un esfuerzo de todos para alcanzar la reconciliación y el respeto por todas las opiniones, incluso la de los abstencionistas. Esa no será jamás una obra de gobierno, porque cada gobierno defenderá su parcela y querrá conservar a sus radicales, bien radicales. Esa debe ser una obra del país conciente, del país elector, del país que participa.

Germán Alberto Abreu.-

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