El poder de la satisfacción

Una señora de tez morena, cuerpo testigo de cuarenta y tantos años y una sonrisa impecable recibe la buena noticia de que hoy han depositado la nómina, lo que traducido es: hay dinero en la cuenta.

Todos sus compromisos económicos salen de las cavernas y comienza un desfile de cuentas por pagar, mercado, colegio, teléfono e incluso puede ver detrás de la lira y el clarinete a la amiga de Tupperware y Avon, respectivamente. Hay que tomar decisiones y rápido, antes de que su marido e hijos allanen su cartera y no pueda hacer todo lo que quiere.

Haciendo un estricto ordenamiento de sus prioridades se levanta de su cubículo y se dirige al puesto de su inseparable amiga para informarle la medida económica más importante de la semana: ¡Manita, de aquí nos vamos a la peluquería!

El salón suena como un hangar de pruebas, una escoba de desplaza por el piso arrastrando meses de champú, tintes y permanentes, la caja registradora está ronca de tanto cantar y las beneficiadas hablan a una velocidad supersónica, sabiendo además cada una de qué habla la otra.

El cabello negro y estricto de la recién cobrada se resiste a obedecer las órdenes de su peinador pero no por eso desaparece la sonrisa de la portadora, quien además se mira las uñas de las manos y los pies como si le acabaran de nacer. Para ella el tiempo pasa volando, entró al salón de día y ya es de noche, pero aún no lo ha notado. Sus recuerdos están refritos de tanto aire caliente que ha recibido su estilizado afro tropical y después de dos horas y pico, todo apenas comienza.

Luego de media jornada laboral en el salón de belleza su cuerpo siente la alegría del deber cumplido y el remordimiento por el importe en la caja tomó el día libre. Nuestra protagonista, que tiene un trabajo de quince y último, ha cubierto una expectativa que amasó durante toda la semana y todos los espejos dan fe de ello. Ella se siente satisfecha.

Es altamente probable que algunos compromisos financieros se pospongan para la próxima fecha de cobro, que deba quedarse en su trabajo sin almorzar algunos días y que no haya medio para un imprevisto, pero eso no la hará arrepentirse de la decisión que tomó el día de hoy. Lo mejor de todo es que esta historia puede repetirse dentro de quince días. Ella está satisfecha.

El poder de la satisfacción nos permite tomar decisiones con alegría y llevarlas hasta las últimas consecuencias, hacer que cosas a nuestro alrededor pierdan importancia con tal de ver realizado aquello que hemos soñado y que sabemos que verlo realizado producirá una sensación de recompensa inigualable.

La satisfacción tiene un alto grado de persuasión, nos impulsa y nos da razones donde no las hay. ¿Existe la posibilidad de que extraigamos satisfacción a tareas que nos aburren o hacemos por obligación?

Cuando evaluamos positivamente una tarea y estamos contentos con los resultados decimos que nos sentimos satisfechos, aunque esa actividad no nos agrade. Esta es una buena razón para hacer las cosas con excelencia, siempre.

Germán Alberto Abreu.-

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s