Cinco características de los líderes débiles

Algunas veces aprendemos de modelos con roles positivos. A menudo, aprendemos de aquellos que son negativos. Esta es una de las razones por las que me encanta leer Historia  – inevitablemente te encuentras con ambos modelos.

Desde hace como una semana, he estado leyendo Equipo de Rivales (Team of Rivals) por Doris Kearns Goodwin. Son páginas que giran en torno a la presidencia de Abraham Lilcoln’s y su ingenio político.

Al comienzo del primer mandato de Lincoln, nombró a cada uno de sus ex rivales republicanos, los que habían corrido en su contra por la nominación de su partido a los puestos del gabinete. El relato demuestra su sorprendente capacidad para aprovechar una amplia gama de perspectivas y crear una alineación entre los que a menudo no estaban de acuerdo violentamente entre sí.

Desafortunadamente, el liderazgo de Lincoln no era perfecto. Lincoln, ocasionalmente, seleccionaba hombres para el servicio público que no eran dignos de su confianza. Uno de ellos era el General George B. McClellan, comandante de la “Armada del Potomac” y, eventualmente, primer General en Jefe del Ejército de la Unión.

El General McClellan tenía defectos de carácter significativos que yo creo que sirven como señales de advertencia para cualquier persona en el liderazgo. En última instancia, estos defectos le costaron mucho, al punto que perdió la confianza de Lincoln, su trabajo, y toda una carrera por la Casa Blanca (contra Lincoln). Y peor aún, la prolongada guerra civil y el costo de la vida de decenas de miles de soldados a ambos lados del conflicto.

Éstas son las cinco fallas que anoté cuando leí el libro:

1. Vacilar al tomar medidas definitivas.

McClellan estaba preparándose constantemente. Según él, el Ejército nunca estaba preparado. Las tropas sólo necesitaban un poco más de entrenamiento. En su postergación, se rehusó a enfrentar al enemigo, incluso cuando era él quien tenía la ventaja. Él no podía simplemente resignarse a lanzar un ataque. Cuando, finalmente, Lincoln lo despidió de sus funciones, dijo su famosa frase: “Si el General McClellan no quiere utilizar el ejército, me gustaría pedirlo prestado por un tiempo.”

2. Quejarse de la falta de recursos.

Constantemente se quejó de la falta de recursos disponibles. Él no tenía suficientes hombres. A sus hombres no se les pagaba lo suficiente. Ellos no tenían suficiente artillería pesada. Y así él seguía. La verdad es que usted, como líder, nunca tiene suficientes recursos. Siempre tendrá que usar más de una cosa u otra. Pero los líderes exitosos buscan la forma de hacer el trabajo con los recursos que tienen.

3. Negarse a asumir la responsabilidad.

McClellan culpaba constantemente a los demás de sus propios errores, y esto por rehusarse a actuar. Incluso llegó a culpar al Presidente. Cada vez que sufría una derrota o un fracaso, alguen o algo tuvo la culpa. Era el maestro del dedo culpador. Los líderes excelentes no hacen eso. Ellos son responsables de los resultados y aceptan toda responsabilidad de las consecuencias.

4. Abusar de los privilegios del liderazgo.

Mientras que sus tropas estaban luchando en condiciones casi insoportables, McClellan vivió en todo su esplendor casi de realeza. Pasó casi todas las noches entreteniendo a sus invitados con fiestas y comidas elaboradas. Insistió en la mejor ropa y alojamiento. Su estilo de vida estaba en marcado contraste con respecto al General Ulysses S. Grant, su sucesor, quien a menudo viajó con sólo un cepillo de dientes.

5. Participar en actos de insubordinación.

McClellan, de manera abierta y constante criticaba al Presidente, su jefe. Era pasivo-agresivo. Incluso cuando Lincoln le daba una orden directa, hallaba la forma de desobedecerla. En su arrogancia, siempre sabía mas que el Presidente y tenía lista una excusa para racionalizar su falta de sujeción.

El presidente Lincoln tuvo la paciencia de Job. Le dió a McClellan numerosas oportunidades de corregir su comportamiento y redimirse a sí mismo. Pero, al final, McClellan no pudo o no quizo hacerlo. No le dejó al Presidente otra opción que despedirlo de sus funciones.

Estos mismos defectos de carácter son los que aflijen a muchos líderes hoy en día. La mejor protección es la autoconciencia.

¿Ve usted algunas de estas fallas en su liderazgo? ¿Qué puede hacer, mientras hay tiempo, para solventar estas fallas?

Por Michael Hyatt

Traducción:
Erik Rios Madrid
erikmadrid2@gmail.com

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