El valor individual de la excelencia

Cuando escuchamos palabras como excelencia, calidad u óptimo vienen imágenes a nuestra mente, pero imágenes con un estándar que hemos forjado con el tiempo gracias a experiencias y situaciones.

Como el valor de esos conceptos es tan personalizado gracias a las experiencias individuales, no significa lo mismo para todas las personas. Yo pensé en esto por primera vez hace unos años cuando alguien me dijo: forja tú mismo el valor de la excelencia, no le des el mismo significado que le dan otros, porque es probable que para los demás valga muy poco.

Ahora, cuando yo ya sé cuánto vale para mí la excelencia, tengo que desarrollar paciencia con aquellos que le han otorgado un valor inferior al mío. Por ejemplo, cuando yo voy a supervisar un escenario para un evento en vivo, me gusta asegurarme que no hay cables desordenados en el escenario, que no hay pelotas de tirro, que el escenario está limpio, que las conexiones son seguras y que todos los que van a subir se sientan cómodos en sus posiciones. Pero me he encontrado con colegas que para ellos la excelencia sólo está en que todo suene “pro”. Los cables no son su problema y el tirro regado es un mal necesario. ¿Él no es excelente? Seguro que él cree que sí lo es y habrá quienes digan que es el mejor. Quizá yo soy exagerado o paranoico, pero es obvio que según mi perspectiva, no le damos el mismo valor a la palabra excelencia.

Hoy día lo mido de la siguiente manera: 1) Cubrir todas las expectativas de aquellos que supervisan o evalúan mi trabajo. Si todo está excelente para ellos, pues he alcanzado un nivel óptimo de calidad, y 2) Cubrir mis expectativas con respecto a la tarea. A veces hago algo que se ve muy bien pero tiene un “no sé qué” que no me cuadra, que no me gusta. Para quienes me supervisan está excelente (nivel 1) pero yo quiero más, creo que la tarea puede salir mejor, y cuando alcanzo ese nivel estoy lo más satisfecho posible y he alcanzado el nivel 2.

Concluyo que la excelencia no tiene un peso específico para todos, pero lo ideal es que, sin importar cuánto valga para cada quien, siempre procuremos alcanzarla.

Germán Alberto Abreu.-

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