La Fiesta de las Vocales

Ernesto era un pequeño conejo que le gustaba mucho estudiar. Cada vez que llegaba a casa después de clases, corría al comedor, ponía todos sus libros sobre la mesa y empezaba a hacer la tarea. Nunca le habían mandado una tarea para la casa que no pudiera hacer.Un día, al llegar de clases, abrió sus cuadernos y se consiguió con una nota de la maestra. Corrió hasta donde estaba su mamá y le pidió que la leyera. La nota decía: Querido Ernesto, estoy muy contenta porque aprendes rápido y ayudas a tus amigos, pero debo decirte que debes trabajar más con la letra “e”. Si no logras mejorar la escritura de la “e” para el viernes, no podrás participar en La Fiesta de las Vocales. Con amor, Tu Maestra.

Repentinamente, el pequeño Ernesto se llenó de frustración. Lloró por varios minutos y no sabía qué podría hacer para no perder la oportunidad de participar en La Fiesta de las Vocales.

La Fiesta de las Vocales era la celebración más importante de su escuela. Cada año, los conejos más destacados se disfrazaban de alguna vocal, cantaban canciones y ganaban premios. Cuando repartieron los disfraces de vocales, a Ernesto le tocó la letra “e”, ¿Cómo iba a representar a la letra “e” si ni siquiera la podía escribir bien?

La mamá de Ernesto tuvo una idea maravillosa. Le propuso a Ernesto que dedicara una tarde de estudio con el mejor estudiante del salón que quedaba justo al lado para que lo ayudara a ser un mejor escritor de la letra “e”. Al pequeño Ernesto le pareció una idea fantástica.

Al día siguiente, cuando llegaron a la escuela, Ernesto corrió al salón de al lado y le preguntó a la maestra quién era el conejo más hábil escribiendo las vocales, la maestra le dijo que su nombre era Edgardo, e inmediatamente se lo presentó.

Esa tarde, Edgardo le explicó a Ernesto cómo es la mejor manera de tomar el lápiz, cuál es la mejor posición para colocar el cuaderno y cuál es la mejor manera de escribir la letra “e”. Escribieron la letra “e” muchísimas veces. La mamá de Ernesto llenó la mesa de galletas y jugos y pasaron una tarde llena de dulces y lecciones.

Dos días más tarde, la maestra de Ernesto lo llamó para que escribiera varias palabras con “e” y así poder evaluar si había mejorado la escritura.

Ernesto se llenó de valor, tomó su lápiz de la manera correcta, acomodó su cuaderno y comenzó a escribir palabras que tenían muchas letras “e”. Escribió Elvira, elefante, espeso, elevado, estómago, empujar, estirar, empezar, entero, estadio, encuentro, y así muchas otras palabras.

Cuando terminó de escribir, entregó la hoja a la maestra y se quedó mirándola fijamente para ver qué cara ponía al ver las palabras escritas. Esos pocos segundos pasaron lentamente y Ernesto estaba muy impaciente. De pronto, la maestra levantó la mirada y con una gran sonrisa en su rostro le dijo que eran las letras “e” más bellas que había visto en todo el año.

Ernesto saltó de alegría y todos sus amigos lo felicitaron. Le pidió permiso a la maestra para salir del salón y contarle esa gran noticia a su amigo Edgardo. Cuando Edgardo escuchó lo bien que le había ido a Ernesto lo abrazó y lo felicitó porque ahora, ambos, eran los mejores estudiantes de toda la escuela.

El día de La Fiesta de las Vocales, Ernesto y Edgardo participaron en todas las actividades, se ganaron todos los premios y fueron felicitados por todos los conejos del pueblo.

Germán Alberto Abreu.-

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Este cuento lo escribí por petición de un pequeño sobrino para cubrir una demanda escolar.

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