Asalto en el tren (Parte I)

Cuando nos proponemos alcanzar un objetivo sabemos que hay una buena cantidad de obstáculos que sortear. Algunas veces los podemos preveer, otras no.

Perseguir el objetivo de convierte en un viaje en tren. Hay momentos de hermosos paisajes, también los hay desolados, momentos de sol, ratos de lluvia, y también están las estaciones, donde el tren se detiene y algunos bajan y otros suben. Pero también hay cosas que no cambian, por ejemplo, sabes que el tren va a llegar al destino que tu escogiste, sabes que lleva fuerza y velocidad y que deberás tener paciencia porque no eres el único a bordo.

Pero en este trayecto, así como lo hemos visto en los viejos westerns, hay bandidos que tratan de subirse al tren para asaltarlo y llevarse el mejor botín. En esta comparación el jefe de los bandidos se llama: Mediocridad.

Cuando vamos en la mitad del viaje ya nuestra espalda siente el peso de las horas, sentimos que dormitamos y que este viaje ha sido más largo que el anterior, pero, ¿consideras bajarte del tren? ¿consideras renunciar al viaje?

Cuando la mediocridad toma por asalto el viaje hacia el cumplimiento de nuestras metas todo se torna relativo. La calidad no es un asunto para morirse, la puntualidad no es tan importante, la responsabilidad es un asunto subjetivo, y así con todas las áreas. Si sientes que esto te está ocurriendo con las metas que te has trazado, pues la mediocridad ha tomado tu tren por asalto.

No debes sentirte culpable por ello, todos los emprendimientos pasan por esa etapa, pero el éxito está en no sucumbir ante ellos. Debes pelear con todas tus armas, la motivación, la ayuda de otros, revisar el propósito de tus metas y tener la seguridad de que Dios está contigo.

Es importante que las metas trazadas puedan ser medibles y alcanzables. La medición te permitirá evaluar cuán lejos o cerca estás de la meta y deben ser alcanzables porque de lo contrario estarás corriendo tras imposibles que sólo lograrán llenarte de frustración.

Seguro vas montado en un tren, tu destino tiene nombre y vas esperanzado viendo el paisaje por la ventanilla. No te descuides, quizás los jinetes vienen pocos metros atrás y lo mejor será que no logren subirse.

Germán Alberto Abreu.-

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