El blog de Germán Abreu

Inspirar, educar y conectar

El papel del comunicador como agente de cambio social

Imagen cortesía de http://www.rtc.gob.mx

¿Quién es el comunicador?

El acto de comunicar ha alcanzado altísimos niveles de controversia, de discusión y de esperanza. Pueblos enteros se han levantado y han caído por una palabra y muchos de ellos aún la esperan. El acto de comunicar nos hace a todos comunicadores pero no nos hace a todos conscientes del hecho, del fenómeno.

Se ha definido la comunicación como el proceso de intercambio de información, donde todos ejercen los roles de emisores y receptores. Basado en ese concepto todos los ciudadanos somos mejores comunicadores que los grandes medios. Ellos son eficientes informadores, grandes estructuras unidireccionales que dicen poco pero lo dicen muy duro. Responden a intereses de múltiples órdenes, generan decenas de empleos, mueven la maquinaria de la publicidad, promueven los gustos enlatados, son eficientes líneas de producción de la cultura pop desechable y portable.

El grueso de los consumidores de medios creen que lo que ven, es; que no hay discusión ni lugar a la duda; medios, departamentos, periodistas, anclas, redactores y publicistas que conocen el manejo del lenguaje y cómo torcer la palabra para moldear intenciones, crear matrices, promover ideas e insertar modelos de pensamientos. Nada de esto está del todo mal, es un método. Parlantes y pantallas que no tienen oídos, el feedback puede ser exclusivamente electrónico porque jamás será humano. Para conocer el parecer de la audiencia deben contratar enormes megaestructuras y disponer de megapresupuestos que hagan el papel de sistemas auditivos que interpreten a los amigos invisibles.

El hombre que perifonea sus ofertas en sábanas y almohadas en un barrio de Barcelona está empleando, en menor escala, el mismo método de los medios tradicionales, pero también tiene las mismas debilidades. Así, hasta que se baja de su ranchera Ford 1978 y habla con la mujer que puede pagar en cuatro cuotas de quince y último. Allí se gestó la comunicación, se cerró un ciclo que dará resultados para ambas partes, se formó una negociación, un acuerdo, un intercambio, allí hubo un giro.

El agente de cambio social

Pablo Freire dijo: “La lectura del mundo precede siempre a la lectura de la palabra”. Los comunicadores deben perseguir un nivel más alto de interpretación social y eso es posible escuchando. El contacto con la gente, procurar las preguntas correctas para obtener mejores respuestas, oler, gustar, entrar, asentir y esperar. No hay posibilidad de cambiar socialmente un entorno que no se conoce.

Hoy día hay demasiado que decir, la incontinencia noticiosa atizada por la necesidad desmedida de la inmediatez ha convertido a los medios en empaquetadoras de información con grandes metas de producción. Ya no hay tiempo para el análisis y la investigación, eso cuesta mucho dinero (que se tiene pero que no se quiere gastar) y no da el retorno rápido de la inversión al que se han estado acostumbrando.

El cambio social es un objetivo de largo aliento, requiere pasión por el logro y ese nivel es posible en lo personal, no empresarial.

El desarrollo del conjunto

Nicolai Hartmann dijo: Los contemporáneos apenas manejamos la corta política del presente inmediato. La mirada a los siglos, que nos es tan familiar en la meditación histórica retrospectiva, nos falta casi totalmente en la prospectiva, esto es, en su fase más preñada de sentido. Aquí nos instalamos en una comunicación diversa, la del encadenamiento de las generaciones. La responsabilidad moral que de ahí brota expresa una solidaridad de nuevo cuño, más grande que la solidaridad de la justicia, del amor del prójimo y de la fe. Es un estar juntos con el hombre de un día futuro, que no podrá conocernos ni retribuirnos con defensa y apoyo hacia nosotros porque la dirección del actuar en el tiempo no es reversible. Sólo quien vive antes puede comprometerse hacia quien vive después.

La comunicación para el desarrollo exige deslastrarnos del pensamiento y la acción egoísta. Dejar de pensar en los resultados y consecuencias cortoplacistas, inmediatas y de resultados medibles por nosotros mismos. Exige ser capaces de mirar sin envidia al futuro, saber que en ese otro tiempo habrá premios y distinciones que no nos corresponderá a nosotros recoger, pero quizá alguien nos recordará. Esto es así porque la comunicación para el desarrollo, para el cambio social, enfila su acción en el cambio del pensamiento del hombre. Cambiar su manera de pensar para que cambie su manera de vivir. Hacerle saber a las comunidades que su voz tiene peso específico, que exteriorizable y que no necesita de sueldos, cargos y títulos para hacerla valer.

Los modelos actuales de retribución por el esfuerzo han hecho que los ciudadanos escatimen los logros del conjunto aunque persigan metas que produzcan réditos individuales, es el conjunto lo que disgusta y se evita, porque el conjunto implica acuerdo. Esto entonces se suma al supuesto de que su voz no tendrá eco, que nadie se moverá y que a nadie le interesa.

No se trata de demonizar los medios tradicionales, ellos pueden aportar a la nueva comunicación, se trata de hacer a un lado los paradigmas amalgamados al pensamiento latino. Es una economía distinta, un lenguaje distinto, un argumento distinto y un razonamiento distinto. La comunicación para el cambio social busca recordar a las comunidades quienes son, de dónde vienen sus valores, costumbres y hasta dónde pueden llegar. Es irremediable que este objeto no esté ligado a la política, pero no tiene por qué estar con ni en contra.

Saber que el futuro está en las manos del presente es un más elevado nivel de conciencia ante la responsabilidad.

Diálogo y participación como ejes centrales

La propuesta de Alfonso Gamucio Dagron en el ensayo “El cuarto mosquetero” pone en el estrado los elementos que dan significado a la comunicación, el diálogo y la participación. La comunicación que aporta desarrollo es aquella que deja fluir la bidireccionalidad, que sube el volumen a las voces y que da preeminencia a lo plural sobre lo singular. Ya ha sido dicho, no hay posibilidad de cambio social sin el intercambio.

La posición que establece el diálogo es la de iguales, iguales en los deberes y en los derechos. Pudiéramos decir que asumir el rol de emisor es un derecho que todos quieren. Cuando una comunidad ve abierta la posibilidad de amplificar sus sonidos se abalanza sobre ella, basta con recordar escenas harto vistas en televisión donde madres, obreros, estudiantes u otros tipos de sector se cuelgan del micrófono para ser escuchados. Sus necesidades están a flor de piel, alguien en el mundo pudiera hacer algo por nosotros o a alguien en el mundo le puede interesar lo que nosotros hacemos, la necesidad de expresar para alcanzar otro estadio de desarrollo está en el interior de los ciudadanos aunque no sepan que se llama así.

Pudiéramos mascullar la idea de que es un deber asumir el rol de escuchar. Llevar las ideas, quejas o logros a las comunidades vecinas, a las autoridades competentes o en el peor de los casos, electas. Poner sus rostros en las pantallas para que alguien que cerró su boca y abrió los oídos alcance en la distancia a una comunidad que tiene algo que decir. Escuchar lo que se pueden decir entre ellos mismos y “descubrir” que no están solos en su abundancia o escasez y que juntos pueden más.

El modelo comunicacional del siglo XX signó la relación de las personas con los medios hasta el punto de no concebir que no sean masivos, de alta penetración e impacto. Pareciera que lo mínimo que un medio debe tener es la capacidad de ofrecer es un fast track al reconocimiento, mínimo, de la ciudad o provincia. La adaptación al one way de los medios masivos hizo que se volviera hedonista el acercamiento a los recursos y a las herramientas comunicacionales, un “yo” exaltado que sólo busca el derecho de ser escuchado, y donde el deber de escuchar es opcional. Esta idea persiste en las comunidades, no importa cuán remotas sean, porque al menos [casi]todo menor de 50 años ha sido formado bajo este modelo.

La industria comercial y mercantil de la imagen, lo provechoso de la noticia y el acontecimiento a disminuido la importancia de lo local y lo propio. Puede ser más importante la caída del índice bursátil que la pérdida por inundación de una centena de hectáreas de sorgo. Aunque nadie entienda bien de qué se trata lo primero, es más escandaloso, más “primerplanista”, se vende mejor.

La propuesta de los grandes pensadores sobre la comunicación para el desarrollo o para el cambio social y la de este breve ensayo no es eliminar, desechar o luchar contra las megaestructuras conocidas, no hay suficientes caballos de fuerza para empujar un cambio en ese sentido y sería poco sabio invertir recursos humanos y financieros en una empresa de tal envergadura; muchos ya han demostrado que es más exitoso –aunque luzca utópico al inicio- adentrarse en la sociedad y promover un cambio por inundación. Que empiece de abajo hacia arriba, ganar a las comunidades con los resultados, difundir los éxitos, analizar propuestas y compartir profusamente. La comunicación horizontal, el diálogo y la participación son fundamentales para el éxito de un modelo que se alegra más en la transformación de pocos antes que en la información de muchos.

Germán Alberto Abreu.-


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28 marzo 2011 - Posted by | Análisis | , , , , ,

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